Diario de Copas

Ventajas de un master en coctelería y mixología para entusiastas

Ventajas de un máster en coctelería y mixología: jigger y copa sobre el mostrador de una cocina en Pocitos

Mido con el jigger de metal como si todavía desconfiara de mi propio pulso: una onza acá, dos allá, el resto a ojo. Así arranca casi cualquier sábado de mixología casera en este pasillo angosto de baldosas blancas que hace de cocina, con el cuaderno ya abierto del lado de siempre.

Antes de seguir, una aclaración corta: algunos de los cursos que nombro más abajo tienen link de afiliada a Hotmart. Si te anotás por ese camino, a mí me cae una comisión y a vos no te cambia el precio ni un peso. Hablo solamente de lo que compré y probé yo misma, desde este mismo mostrador.

Hugo, un vecino de Punta Carretas que llegó acá por un grupo de Telegram de vinos uruguayos, me dejó hace poco un comentario larguísimo, de esos con más signos de exclamación que letras, preguntando si vale la pena meterse en un programa largo de coctelería en vez de mirar videos sueltos los domingos. La respuesta corta es sí, pero con bastantes matices, y ahí es donde se pone interesante.

No soy sommelier ni bartender de oficio. Trabajo de UX writer para gente que no tendría idea de qué forma tiene un jigger, así que cuando digo que un programa estructurado te cambia el mostrador, no hablo desde la barra: hablo desde acá.

Una tarde, antes de meterme en esto en serio, dejé una copa de Tannat sola, sin mezclarla con nada, girándola un rato largo mientras trataba de entender qué me estaba diciendo esa botella. No llegué a ninguna conclusión, y esa fue justo la señal de que necesitaba algo con más orden que probar a ciegas cada sábado.

Lo que realmente ordena una formación de coctelería estructurada

Un programa largo no vale por la cantidad de videos que acumula: vale porque decide qué aprendés primero. Antes de dejarte tocar nada de autor, los módulos clásicos te obligan a entender por qué cada trago lleva lo que lleva, y recién después sueltan la mano para inventar.

Ahí también entendí que armar la barra de casa no es juntar botellas caras: es tener las dos o tres herramientas que de verdad usás cada sábado, y saber para qué sirve cada una antes de sumar la siguiente. La proporción de una onza y dos onzas es la base que se repite trago tras trago, y cuando le erras por poco, se cae el trago entero.

El ritmo importa tanto como el contenido

El Master en Coctelería y Mixología fue el programa más extenso que probé, con apenas cuatro reseñas públicas cuando me anoté, y lo aclaro siempre que alguien pregunta por él. El temario se mete en variantes regionales y en módulos sobre vinos de mesa, algo que en Montevideo pesa: hay sábados en que no quiero abrir un destilado de cuarenta grados, solo darle una vuelta a lo que ya tengo en la heladera.

Jigger de metal para medir proporciones de coctelería casera sobre mesada de madera

Ahí tocaron temas que ni buscaba: los vermuts uruguayos del mediodía, cómo acompañar una picada sencilla con una botella sin pretensiones. El problema es el ritmo: hay tramos donde el instructor pasa de un trago a otro como si tuviera apuro, y si te distraés dos minutos te perdés justo el paso que explica por qué algo funciona.

El cuaderno registra más que ingredientes ahora

Desde que este estudio se puso más formal, el cuaderno cambió de función: ya no anoto solo qué llevaba el trago, anoto por qué falló. «Demasiada dilución por el hielo de la cubetera vieja», puse hace poco. El Curso Coctelería de Autor Online tiene un módulo entero sobre cómo describir el propio trago por escrito, y es el que más me cambió la forma de llevar estas entradas.

Ya había probado otro camino que no funcionó nada bien: fui a una cata grupal en la vinería de la calle 21 de Setiembre, entre Ellauri y Schroeder, y nadie me explicó qué hacer con la copa ni cuándo escupir. Salí con más dudas de las que llevaba, y ahí decidí que si iba a aprender esto en serio necesitaba algo con orden, no una tarde suelta entre desconocidos. El mismo criterio sirve para catar en casa sin sentirse una experta: prestarle atención a lo que una copa hace en la boca antes de salir a buscar la palabra correcta para describirlo.

Laptop con curso online de mixología junto a cuaderno de notas de coctelería

Cuando saber demasiado te frena la mano

Hay un riesgo cuando una entusiasta se pone densa con la técnica: las reglas de oro —cuántos segundos agitar, qué tan fino picar el hielo, cuánto cítrico entra antes de que domine todo— están ahí por algo, pero si te descuidás te sacan la intuición. Me pasó con un pomelo: dudé si ponérselo a un trago porque el manual decía que iba limón.

La formación toca la técnica de agitado, los almíbares caseros, las infusiones con especias y el hielo bien hecho, pero ninguno de esos módulos reemplaza el gusto propio: son herramientas, no un reglamento que hay que cumplir al pie de la letra. Si sos de las que prefiere dominar las bases antes de volar, el Curso Coctelería Clásica Online es lo más sólido para arrancar — barato, sin vueltas, directo a los pilares. A veces, antes de querer inventar algo disruptivo, hay que entender por qué un Manhattan lleva lo que lleva, algo que desarrollo en la nota sobre por qué aprender coctelería clásica antes de inventar.

Marcos, mi vecino de al lado, todavía no se acuerda si el trago de la semana pasada le había gustado cuando se lo pregunto la semana siguiente — y aun así es el primero en tocar el timbre si aparezco con una botella sin abrir.

Cómo decido, ahora, si vale la pena un programa largo

Antes de anotarme en cualquier cosa me hago una sola pregunta: ¿esto resuelve algo que me pasó tres sábados seguidos, o es solo curiosidad de un domingo aburrido? Si la respuesta es la primera, elijo el programa más largo aunque tenga pocas reseñas y el ritmo sea disparejo. Si es la segunda, un curso corto y sin vueltas alcanza y sobra: no hace falta el temario completo para resolver una duda puntual.

Mano anotando en cuaderno de coctelería después de un sábado de formación en mixología

Una advertencia entre copas

No tengo formación médica ni soy profesional de la salud, y aunque estudiar coctelería sea fascinante, sigue siendo el estudio de sustancias que afectan al cuerpo. Si tenés alguna duda sobre tu consumo de alcohol, tu sueño o cómo esto te afecta, hablá con un médico — este cuaderno registra sabor, no reemplaza una consulta. Cada cuerpo es un mundo, y lo que a mí me resulta cómodo un sábado a la noche a otra persona le puede parecer demasiado.

Todavía no sé si algún día voy a distinguir un Pinot Noir y un Tempranillo solo por la forma de la botella, pero ya no me siento perdida cuando abro una. Esa es la ventaja real de todo esto: la confianza de saber que el sábado que viene voy a entender un poco mejor qué es lo que estoy sirviendo en el vaso.

El mate ya está por hervir. Detrás de la heladera, en fila, siguen esperando las botellas que todavía no tuvieron su sábado. El cuaderno sigue abierto del mismo lado de siempre, y la cuchilla, un poco mellada por el tomate de ayer, todavía no volvió al cajón.

Nota: Para que quede claro: lo que lees aquí es mi propia perspectiva -- no es consejo profesional. Para temas de salud o dinero, pide siempre la opinión de un profesional que conozca de verdad tu situación.

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