Diario de Copas

Cómo saber si el vino está picado o en mal estado al abrirlo

Copa de vino tinto con vino picado, defectos del vino visibles al servir

Meto la nariz en la copa y freno en seco. No es la fruta madura que prometía la etiqueta: es un olor punzante, parecido al quitaesmalte, que me aleja la nariz antes de que llegue a los labios. La botella de Tannat que guardaba para una ocasión especial tiene vino picado, y lo supe antes de leer una sola palabra sobre defectos del vino.

La creencia más repetida entre quienes recién empiezan a catar vino es que cualquier olor raro al destapar la botella significa tirarla entera. No es así. Hay olores que se van solos con un poco de aire. Hay otros que no se van nunca, y confundir unos con otros es la manera más rápida de desperdiciar una botella que estaba bien, o de bancarse una mala por vergüenza de decir que no te gustó.

El mito de que todo olor raro significa vino picado

Guardo un cuaderno tapa dura donde anoto qué boté y qué recuperé, y ahí quedó registrado que no todos los golpes de olor feo son el mismo problema. Existe un olor a encierro, como si el vino hubiera pasado demasiado tiempo respirando su propio aire adentro de la botella. Ese, casi siempre, se puede arreglar. Existe otro olor, a cartón mojado, al perro que vuelve de la lluvia y se tira en la alfombra. Ese no se va, por más que lo ventiles toda la noche: el corcho ya le pasó algo al vino que no tiene marcha atrás.

Bajé, en algún momento, una aplicación que prometía resolver la duda apuntando la cámara del teléfono a la etiqueta: tirabas la foto y te devolvía un puntaje del uno al cien. Nunca entendí qué medía ese número. Un vino que olía perfecto me daba un puntaje bajo, y una botella que después resultó picada tenía un puntaje alto, como si nada. La terminé borrando.

Corcho de vino y cuaderno de notas para reconocer defectos del vino en casa

Todavía confundo un pinot noir con un tempranillo si las botellas se parecen, así que entiendo la duda de no saber si un olor es simplemente raro o directamente un defecto.

¿Cartón mojado, manzana podrida o vinagre puro?

El color también avisa, aunque hay que mirarlo con la luz de frente. Un tinto joven que se ve amarronado, como un ladrillo viejo, y que además huele a manzana pisada o a nuez pasada, está oxidado: entró más aire del que debía por un corcho que no cerró bien. Es el mismo proceso que le pasa a una manzana cortada que se queda un rato afuera de la heladera.

Lo de mi Tannat de esta vez no era eso. No estaba amarronado. Era otra cosa: un olor a vinagre que no dejaba acercar la copa a la boca, la señal más clara de que el vino se convirtió en otra bebida sin permiso de nadie. Ahí ya no hay mucho para pensar. Se descarta y se sigue.

El truco de los diez minutos, y cuándo no sirve

Antes de tirar una botella por el olor, conviene distinguir el encierro de la avería real. El primero se corrige pasando el vino a una jarra —no tengo decantador, uso una que era de mi abuela— y dejándolo un rato antes de servir. Si el olor raro se ablanda o directamente desaparece, era solo eso: el vino necesitaba respirar.

Anoche hice la prueba con el Tannat. Diez minutos en la jarra, esperando con el sacacorchos todavía en la mano. El olor a quitaesmalte no se movió ni un poco. Ahí entendí que no era timidez del vino, ni mi paladar de aficionada fallando: era un defecto de verdad, de esos que ningún tiempo de aire arregla.

Copa de vino tinto servida para revisar si tiene vino picado o defectos del vino

La próxima botella la elijo distinto

Parte del problema empieza antes de abrir la botella. Guardar el vino en un lugar caluroso o con luz directa lo desgasta más rápido de lo que pensamos, y en un departamento chico eso pasa fácil: alcanza con dejar la botella arriba de la heladera un verano entero. No hace falta entender la química para notar que un vino guardado así llega distinto a la copa.

Lo único que sí cambié fue el gesto de oler el corcho apenas sale. No es un gesto de experta: es barato y evita el mal trago después. Si el corcho huele a vino, más o menos vamos bien. Si huele a humedad de sótano o directamente a nada, ya sé que tengo que prestarle atención doble a lo que sigue en la copa.

También cambié algo en la góndola. En el supermercado del Shopping Punta Carretas dejé de mirar primero el cartel con la oferta más grande y empecé a fijarme de qué zona venía la botella. No es garantía de nada —un corcho fallado le puede tocar a cualquiera— pero por lo menos ya no compro por impulso algo de lo que después ni siquiera sé el origen.

Jarra de vidrio con vino tinto reposando en la cocina, prueba casera para vino picado que no mejora

Lo que queda cuando se vacía la botella

No todo termina en el desagüe, por suerte. Me acuerdo todavía de unos vinos rosados uruguayos que probé hace un tiempo y que salieron perfectos, sin ningún defecto, y esa memoria compensa varias botellas perdidas.

El corcho de anoche quedó solo al lado de la azucarera. La botella, ya vacía, espera que la enjuague antes de mandarla al reciclaje. Mañana vuelvo a corregir comas para clientes que no son míos. El olor a quitaesmalte tarda un par de días en irse del todo, pero se va.

Nota: Para que quede claro: lo que lees aquí es mi propia perspectiva -- no es consejo profesional. Para temas de salud o dinero, pide siempre la opinión de un profesional que conozca de verdad tu situación.

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