Diario de Copas

Cómo organizar un cuaderno de notas de cata para aficionados al vino

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Catorce páginas de mi cuaderno A5 dicen exactamente lo mismo: "rico." Las conté un domingo, buscando cuál botella había sido la de mayo, y no pude diferenciar ninguna por el color, el nombre ni nada más. Ahí quedó anotado un Tannat que compré en un puesto del Mercado del Puerto, en Ciudad Vieja, con esa misma palabra sola. Tres semanas después la palabra no me decía nada. Ese fue el momento en que entendí que un diario de vinos necesita más que ganas de escribir: necesita alguna estructura que sobreviva al olvido de un par de sábados.

Un aparte antes de seguir con el problema: no soy sommelier ni bartender de oficio, y si tenés dudas de salud o de consumo, la palabra final la tiene un profesional, no mi cuaderno. Lo que sigue es lo que fui anotando, sábado tras sábado, acá en Pocitos.

El problema de las notas de cata que no vuelven a servir

La palabra "rico" no es un dato, es un genérico. La palabra "suave" tampoco. El problema de un diario armado solo con adjetivos de revista es que a las pocas semanas todas las botellas se parecen entre sí en el papel, aunque en la copa hayan sido completamente distintas. Sentía que estaba tirando la plata de cada botella de 750ml si después no podía recuperar ni un rastro de por qué me había gustado o no.

Notas de cata sin estructura terminan siendo notas de humor: dicen si esa noche estabas contenta, no si el vino era bueno. Un diario que sirve de verdad necesita categorías fijas, no una lista de calificativos sueltos que cambian según el cansancio del sábado.

Tres caminos, y uno que no sirvió

Probé tres caminos antes de quedarme con dos. El primero fue seguir la cuenta de un bartender profesional que solo subía tragos armados con destilados de importación imposibles de conseguir en Montevideo. Copié dos recetas enteras y las dos quedaron en la página sin ningún uso, porque ni la botella ni un reemplazo aparecían en ninguna vinoteca del barrio. Esa cuenta apunta a otra discusión — la de empezar por los clásicos antes de inventar nada — y no es la que resuelve este cuaderno.

El segundo camino fue un curso. Me anoté en el Curso Coctelería de Autor Online pensando en tragos, no en vino, pero la parte sobre el equilibrio entre dulce, amargo y ácido terminó sirviéndome para las dos cosas. Es de los cursos más caros del catálogo que miré, y todavía no estoy segura de que el costo se justifique para alguien que solo quiere escribir un diario los domingos — pero el vocabulario que me dio fue el tercer camino, el que finalmente usé para armar las columnas del cuaderno.

Una palabra o cuatro columnas

Quedaron dos sistemas, y los dos siguen vivos en el mismo cuaderno. Uno es el garabato exprés: una palabra y una marca de sí o no, para una botella de entrecasa que no pienso volver a comprar. El otro son cuatro columnas fijas — vista, nariz, boca y veredicto — para cuando la botella merece que le preste atención de verdad.

El garabato exprés alcanza para un martes cualquiera. Anoto "seco", pongo una cruz, y listo. Pero cuando la botella sí me gustó, una palabra sola no distingue si el gusto venía de la acidez, de la temperatura a la que la serví o de que esa noche estaba de buen humor. Ahí es donde catorce páginas de "rico" se volvieron catorce páginas inútiles.

Para las botellas que sí quiero recordar, la columna de boca me pregunta si es ácida, si es amarga como un café que se enfrió, o si me deja la lengua seca — y ahí ayuda bastante saber cómo identificar el cuerpo del vino antes de escribir cualquier adjetivo suelto. Todavía confundo un Pinot Noir con un Tempranillo si la forma de la botella me engaña, y esa es una pelea aparte de la del cuaderno.

El vocabulario también cambió lo que puedo preguntar fuera de casa. Hace poco entré a un puesto de vinos del Mercado del Puerto y pregunté derecho, sin el "disculpá, no entiendo nada de esto" que ponía antes de cualquier pregunta. El de la vinería contestó derecho también, sin la cara que ponen cuando notan que no sabés nada. Fue la primera señal de que el cuaderno estaba funcionando también afuera del cuaderno.

Papel contra pantalla, y cuándo gana cada uno

Probé aplicaciones para el celular antes de decidirme por las cuatro columnas de papel. La pantalla me sacaba del momento — quería escribir dos palabras y terminaba mirando notificaciones. El papel no compite con nada más; cuando el cuaderno está abierto, está abierto para eso solo.

Igual el celular gana en algo puntual: cuando estoy en Mercado del Puerto o en cualquier lado fuera de casa y quiero guardar el nombre de una botella antes de olvidarlo, ahí sí anoto rápido en el teléfono y lo paso al cuaderno recién el domingo. Ese domingo es también cuando pienso qué me dice la etiqueta antes de pagar la próxima botella — pero leer bien una etiqueta es tema para otro cuaderno.

Si buscás algo más armado que estas cuatro columnas caseras, el Master en Coctelería y Mixología tiene módulos sobre vinos de mesa que me sirvieron incluso fuera del temario principal, aunque todavía tiene pocas reseñas — cuatro, la última vez que miré — y lo aviso siempre que alguien pregunta. Si en cambio preferís arrancar por lo conocido antes de complicarte, el Curso Coctelería Clásica Online cubre el repertorio de siempre sin vueltas, que es más o menos la misma lógica que uso yo cuando elijo el garabato exprés antes que las cuatro columnas: primero lo simple, después lo que pide más tiempo.

Cada sistema tiene su momento. El garabato exprés cuando la botella es de entrecasa y el sábado fue para charlar, no para prestarle atención al vino. Las cuatro columnas cuando la botella costó lo que cuesta un asado de domingo o más, o cuando algo en el primer trago te sorprendió. Y el celular, en cualquier caso, solo como puente hasta que el cuaderno esté abierto de nuevo.

La botella vacía del Tannat quedó un rato sobre la mesada, y el golpe sordo que hizo al apoyarla ahí fue lo único que interrumpió el silencio del domingo. El cuaderno sigue abierto en la página de esta semana. Todavía no sé qué voy a escribir el sábado que viene, pero ya sé en cuál de las dos columnas va a caer.

Nota: Para que quede claro: lo que lees aquí es mi propia perspectiva -- no es consejo profesional. Para temas de salud o dinero, pide siempre la opinión de un profesional que conozca de verdad tu situación.

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